Pero no puedo. Soy
débil y carezco las palabras para expresar los mil y un sentimientos que guardo
dentro. Los minutos son eternos, y yo sigo aquí esperando que alguna mano me
recoja del suelo. Y no es que carezca esperanza, es que carezco la fuerza para alcanzarla.
Por lo tanto, aquí permanezco, congelado en el tiempo y llevando a cabo aquella
rutina que siempre juré jamás me alcanzaría.