La música hoy no me brinda calma, pues ando en el subterráneo y olvidé mis auriculares en la oficina (grave error en estas circunstancias). Te pienso a diario - cuento los minutos, las horas, los días, que llevo sin escuchar tu voz - las innumerables circunstancias en las cuales no estoy. Hay algún confort en canciones, claro, es mi idioma, pero jamás llenarán el vacío que dejaste. Memorias, que aunque cortas y de alguna manera prematuras, llenan mi diario vivir aunque no estés. Te amo y te amé - dejando culpabilidad atrás, me salvaste de tantas incógnitas que aún no sé cómo agradecerte. No hace sentido - sentí rencor, rabia, decepción - pero todo recae en la ignorancia. En ti se contenían valores envidiables que aún al día de hoy no entiendo. Sea familia, amigos, desconocidos - siempre estabas ahí no importa la circunstancia. Yo sigo aquí, tratando de ser mitad de lo que eres, de lo que fuiste. El problema es que no lo soy, y poco a poco llego a la conclusión que jamás lo seré y por eso te extraño más - fuiste y eres todo lo que no soy. Eres empatía, simpatía, amor que nace de la pureza del alma - eres tanto y yo quizá seré nada. Soy maquiavélico aunque me cuesta aceptarlo - el beneficio antes del costo, el fin que justifica sus medios con millones de razones incoherentes que por más que quiera definir jamás llegarán a cargar veracidad. Me confundo, me cuestiono - pregunta tras pregunta sin jamás encontrar alguna respuesta. Y es que aún no sé si fuiste error o bendición - pero te cargo más como bendición que como cualquier otra cosa.
Y lo odio - odio el saber que intentamos y fracasamos, porque quisiera, algunas veces, jamás haberlo querer intentando. Que fueras misterio - alguna hermana duda que jamás hubiese intentado de conquistar o contestar. Carajo, me dueles a diario. Tu lunar, tu sonrisa, tu melena despeinada, tus ataques de pánico y tu rejoder de quién te quita el pantalón. Quizá jamás entendí, y es probable que aunque trate jamás entenderé - somos de mundos y visiones contrarias que la incongruencia es palpable a millas de distancia. Aún así - me rejodes, carajo (como ya dije). No fui perfecto - por mas decir, ni lo intenté. Me faltaron ganas, quizá. Me faltó voluntad, también. Pero a menudo pienso que nos faltó a ambos - no sé, a ti me censuro de juzgar porque no sé las horas que pasaste tejiendo el cojín que en mi sofá aguardo.
Escribo porque dicen que lo traumatizante, al ser escrito, cura. Sólo espero que esta herida sane mejor tarde que ligero - pues tú, al cruzar mi pensamiento, eres más sonrisa que ceño fruncido. Eres más carcajada que lágrima.
Ahora lárgate, sonríele a otro que sepa apreciar lo que yo no vi, lo que yo jamás entendí. Seguro serás mucho más feliz.