Comienzo
este escrito un poco después de las 3am – me sorprende mi actual estado de
lucidez. No sé qué factor me quita más el sueño: ¿será el trabajo? ¿será mi
regreso a esta ciudad tan fría? ¿será que te extraño? Desde que me crucé
contigo aquel día soleado, frente al mar que muchas veces frecuentamos, mis
patrones de descanso han sido alterados y aún no logro recuperar los sueños de
ojos cerrados. Sí, en definitiva, el reloj gasta sus segundos y yo sigo
despierto porque te extraño.
La
cuestión es que te extraño de una manera muy peculiar – no es el usual “te
hecho de menos, espero verte pronto”. No, solía sentirme así cuando existía
algún tipo de seguridad sobre la relación que se había establecido, cuando
éramos más conocidos que desconocidos. La nostalgia de hoy es más
característica de alguien que no está – alguien que se marchó para jamás
volver. Yo ando aquí tratando de multiplicar los momentos, ver si el dichoso
“time zone” al fin juega a mi favor. Nada – sigo aquí tan solo como ayer.
¿Habré
llegado muy tarde a reconquistarte? ¿Será ésta la dosis de mi propia medicina?
¡Qué gran complicación la presente situación! Y me pregunto, un millón de veces
cada segundo, ¿qué es lo que nos conviene? ¿Qué es lo que queremos? ¿Qué es lo
que buscamos? ¿Seremos capaces de amarnos a locura, esta vez con mucha más
ternura? Tantas preguntas, tantos monólogos, tantas intenciones guardadas en el
laberinto de mis nervios y yo sin saber como resolverme yo mismo. Estoy en
total estado de sobriedad – atento, nervioso, ansioso. Estoy calculando las
horas – allá es un poco más temprano. ¿Podré escuchar tu voz? ¿Redacto ese
mensaje lleno de locura – ese que diga cuánto quisiese comenzar esta pintura de
nuevo? Regálame tu lienzo para hacer de él una obra de arte – prometo esta vez
no defraudarte.
Entonces
me molesto conmigo mismo: ¡no sobre-analices, idiota, que esta historia acaba
de comenzar! … Pero es que ¿cómo dejar de pensar en ti, si lo único que pienso
es el desastre que he sido en tu ausencia? Ya son las cuatro menos treinta –
hoy es miércoles y pronto laboro mis usuales horas de oficina. Espero estés un
poco más presente, pero a la misma vez, no te culpo si así como apareciste,
también así quisieses marcharte de repente.