Friday, April 27, 2012

A puño y lápiz

Me tropecé con la suerte, tal día de tal mes. Digo suerte porque, pues, muy probablemente si no fuera por tan asombroso milagro jamás te hubiera encontrado. Frecuentábamos el mismo café, nos cruzábamos, quizás, en todo rincón que usualmente nos veía gastar nuestro tiempo. Naturalmente, fuera un hola y un adiós. Por alguna razón, nuestro “hola” se repitió más de una vez. Nuestro adiós, al día de hoy, no ha llegado. Lo más cercano es un “hasta luego”.

Yo pensaba en números, tú en letras. Yo planificaba un futuro, tú lo veías llegar a paso lento. Descubrimos, entre tantos pensamientos intercambiados, que los números no existirían sin las letras. Por otro lado, descubrí que no vale la pena pensar tanto en el futuro, sino en ir a paso calmado hacia lo que se quiere construir. Mis formulas matemáticas de nada sirvieron ante tus idiomas enredados. Volví al puño y lápiz, de manera ligera, a tratar de explicar lo que sentía. Desempolvé las páginas donde solía escribir sobre la felicidad, y regresé a la forma más pura de sentir en el corazón lo que la razón jamás comprenderá.

Tu risa me bastaba para hacer de un día encancaranublado un día hermosamente soleado. Y es que entre tanta confusión sobre a dónde debería ir, me vi mil millones de veces entre tus brazos.

Quizás no soy el más encantador, pero prometo encantar hasta el más mínimo detalle de tu ser. No te he regalado rosas, pero siempre imagino tu sonrisa al recibir tan simple regalo. No cuido mi vocabulario, mucho menos la locura de pensarte tanto. Y a pesar de que nos arropa la incertidumbre del tiempo, destino y todo lo demás, agarrado de tu mano encuentro que eso ni me importa. Sólo quiero verte reír, sólo quiero hacer de ti una mujer feliz. Sea aquí o a miles de millas de distancia, tu retrato ha quedado impregnado en mi memoria y, afortunadamente, me es imposible olvidarlo.

Saturday, April 7, 2012

La duda y su compañía

El reloj suena abruptamente cada segundo que gasto sin ti. Y digo gastar en cada sentido de la palabra, pues en momentos como éste me veo privado de disfrutar de tu sonrisa. Aún así, sonrío por el hecho de compartirte en mi memoria. Dejé de recordar aquello que en algún tiempo distante ocurrió; ahora sólo estás tú en el latido de mi corazón.

Sé que, quizás, dudas de mi querer. Distante, en ocasiones, significa protegerme de lo que podría pasar. Me pregunto si debería cuestionarme sentimiento tan natural. Verte sonreír, sentir tus labios a la cercanía de los míos, es lograr sentirme vivo. Y no es que no viví antes de ti, es que contigo el cielo es algo más alcanzable. Como diría Jorge Drexler: “Antes que nada, yo quiero aclarar que no es que estuviera tampoco pasándolo mal, antes”. Ahora, la paso mejor por poder compartir mi sonrisa, poder sentir tus manos a la cercanía de las mías, lograr apreciar tu querer en cada beso que me regalas.

Siento miedo, lo admito. No sé qué espacio ocupo en tu corazón, mucho menos en tu vida. No sé a dónde iremos, no sé a dónde nos dirigimos. Con tales dudas, la inseguridad arropa mi consciencia y no sé qué hacer. Es en momentos así que necesito tu guía, tu querer. A lo mejor estamos jugando a las apuestas, quizás estemos encarrilados a la pura locura. Yo ni sé, y en muchas ocasiones, ni quiero saber.

Me he abstenido de quererte a mil millones de universos, como dirías tú. Entre tantas historias pasadas, no sé qué nota musical componerte para hacerte feliz. Con mucha probabilidad, sobre analizo nuestra situación. Y es que quiero quererte sin frenos, sin abstinencias, sin cordura alguna que me haga pensar dos veces sobre lo que sientes tú por mí.

No quiero ser como los demás. No quiero crear una dependencia recíproca. Quiero que vivas mientras yo vivo. Quiero que sepas que aún a la lejanía adoro tu sonrisa más que la de todas las demás. Quiero que sientas que, aún a la distancia, te quiero “like the fat kid loves cake”. Quiero enamorar tus ojos, tus piernas, tus brazos, tu melena, tu dedo pulgar como también tu dedo índice. Quiero que en cada gota de sudor sepas que existe la intención de querer hacerme un hombre mejor para así hacerte una mujer llena de regocijo. Quiero bailar, cantar y gozar contigo. Quiero, después de todo, ser la razón por la cual tu corazón late. El gran problema estriba en que aún no sé cómo.

Thursday, April 5, 2012

Quizás, enajenado

No te conocí en un día de abril, como cantaría alguna artista famosa que conoces bien. La luna, quizás, estaba en nuestra nariz. Lo que sí sé es que fijé mi mirada en ti un día de febrero, por pura casualidad. Luego de un par de conversaciones entre nuestro eterno café, logré apreciar tu hermosura. A diferencia de muchos, Cupido no me flechó por como llevabas tu pelo, ni tu sonrisa, ni por el verdor de tus ojos. No, Cupido flechó por tu inteligencia, tu espíritu aventurero, tus ganas de vivir cada momento a plenitud, la felicidad que cargas al andar, el ritmo de tus pies al caminar, entre millones de cosas más que algún día lograré enlistar.

Debo admitir que sentí miedo. Me cobijé a la comodidad de la vida que llevaba: un hombre en busca de un sueño sin definir que tenía millones de heridas por cicatrizar. Me abstuve de demostrar lo que sentía, lo que quería. Pero marzo llegó, y con él un momento que he siempre de recordar. Te besé. Con una confianza herida, casi ausente, me acerqué a tus labios para saber que se sentía volver a besar. La luz de una luna llena nos acompañaba, los adoquines nos daban el sabor de que andábamos en algún rincón del Viejo San Juan. Un beso que nunca acabó, un momento que perdurará en la memoria.

Y así comenzamos a tejer historias. Yo, por mi parte, me he propuesto no ser como los demás: algo simpático, en ocasiones gracioso y, cada mes, un poco más romántico. Me he propuesto ser único, aunque aún no tengo idea cómo. Enfatizaré mi atención en tus pasos, para que los míos sigan su sombra. Observaré con detenimiento tu más mínimo gesto, para así poder hacerte reír cuando tu única opción parecer ser llorar. Tu risa la convertiré en el impulsor de toda mi acción. Y puede que esto no sea suficiente, y si así es, te construiré un cohete para llevarnos a alguna estrella lejana y de allá ver el mundo como una pequeña esfera distante.

A veces pienso que quizás vivo enajenado de nuestra condición. Viajaré, viajarás. Ya sea Alemania, Brasil, Francia, Portugal, Canadá, Haití, Australia, Nueva York, nuestros caminos parecen dirigirse en direcciones contrarias. Aún así, encuentro en tus ojos la comodidad de saber que te quiero, y no por bella, sino por hacerme mejor de lo que soy, de lo que fui. Contigo sonrío, pienso y bailo. Contigo imagino, canto y aventuro. Contigo, por alguna razón, veo el mundo más colorido. Me divierto y me gozo los momentos. Y al final, sé que el mundo es redondo, y por más contrarias que anden las directrices de nuestro destino, en alguno punto nos tendremos que volver a encontrar. Para mí eso es razón suficiente para quererte cada día más, y entregarte mis mejores acciones e intenciones hasta que nuestros pies dejen de caminar.