Debo admitir que sentí miedo. Me
cobijé a la comodidad de la vida que llevaba: un hombre en busca de un sueño
sin definir que tenía millones de heridas por cicatrizar. Me abstuve de demostrar
lo que sentía, lo que quería. Pero marzo llegó, y con él un momento que he
siempre de recordar. Te besé. Con una confianza herida, casi ausente, me
acerqué a tus labios para saber que se sentía volver a besar. La luz de una
luna llena nos acompañaba, los adoquines nos daban el sabor de que andábamos en
algún rincón del Viejo San Juan. Un beso que nunca acabó, un momento que
perdurará en la memoria.
Y así comenzamos a tejer historias.
Yo, por mi parte, me he propuesto no ser como los demás: algo simpático, en
ocasiones gracioso y, cada mes, un poco más romántico. Me he propuesto ser
único, aunque aún no tengo idea cómo. Enfatizaré mi atención en tus pasos, para
que los míos sigan su sombra. Observaré con detenimiento tu más mínimo gesto, para
así poder hacerte reír cuando tu única opción parecer ser llorar. Tu risa la
convertiré en el impulsor de toda mi acción. Y puede que esto no sea
suficiente, y si así es, te construiré un cohete para llevarnos a alguna
estrella lejana y de allá ver el mundo como una pequeña esfera distante.
A veces pienso que quizás vivo
enajenado de nuestra condición. Viajaré, viajarás. Ya sea Alemania, Brasil,
Francia, Portugal, Canadá, Haití, Australia, Nueva York, nuestros caminos parecen
dirigirse en direcciones contrarias. Aún así, encuentro en tus ojos la
comodidad de saber que te quiero, y no por bella, sino por hacerme mejor de lo
que soy, de lo que fui. Contigo sonrío, pienso y bailo. Contigo imagino, canto
y aventuro. Contigo, por alguna razón, veo el mundo más colorido. Me divierto y
me gozo los momentos. Y al final, sé que el mundo es redondo, y por más
contrarias que anden las directrices de nuestro destino, en alguno punto nos
tendremos que volver a encontrar. Para mí eso es razón suficiente para quererte
cada día más, y entregarte mis mejores acciones e intenciones hasta que
nuestros pies dejen de caminar.
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