Thursday, April 5, 2012

Quizás, enajenado

No te conocí en un día de abril, como cantaría alguna artista famosa que conoces bien. La luna, quizás, estaba en nuestra nariz. Lo que sí sé es que fijé mi mirada en ti un día de febrero, por pura casualidad. Luego de un par de conversaciones entre nuestro eterno café, logré apreciar tu hermosura. A diferencia de muchos, Cupido no me flechó por como llevabas tu pelo, ni tu sonrisa, ni por el verdor de tus ojos. No, Cupido flechó por tu inteligencia, tu espíritu aventurero, tus ganas de vivir cada momento a plenitud, la felicidad que cargas al andar, el ritmo de tus pies al caminar, entre millones de cosas más que algún día lograré enlistar.

Debo admitir que sentí miedo. Me cobijé a la comodidad de la vida que llevaba: un hombre en busca de un sueño sin definir que tenía millones de heridas por cicatrizar. Me abstuve de demostrar lo que sentía, lo que quería. Pero marzo llegó, y con él un momento que he siempre de recordar. Te besé. Con una confianza herida, casi ausente, me acerqué a tus labios para saber que se sentía volver a besar. La luz de una luna llena nos acompañaba, los adoquines nos daban el sabor de que andábamos en algún rincón del Viejo San Juan. Un beso que nunca acabó, un momento que perdurará en la memoria.

Y así comenzamos a tejer historias. Yo, por mi parte, me he propuesto no ser como los demás: algo simpático, en ocasiones gracioso y, cada mes, un poco más romántico. Me he propuesto ser único, aunque aún no tengo idea cómo. Enfatizaré mi atención en tus pasos, para que los míos sigan su sombra. Observaré con detenimiento tu más mínimo gesto, para así poder hacerte reír cuando tu única opción parecer ser llorar. Tu risa la convertiré en el impulsor de toda mi acción. Y puede que esto no sea suficiente, y si así es, te construiré un cohete para llevarnos a alguna estrella lejana y de allá ver el mundo como una pequeña esfera distante.

A veces pienso que quizás vivo enajenado de nuestra condición. Viajaré, viajarás. Ya sea Alemania, Brasil, Francia, Portugal, Canadá, Haití, Australia, Nueva York, nuestros caminos parecen dirigirse en direcciones contrarias. Aún así, encuentro en tus ojos la comodidad de saber que te quiero, y no por bella, sino por hacerme mejor de lo que soy, de lo que fui. Contigo sonrío, pienso y bailo. Contigo imagino, canto y aventuro. Contigo, por alguna razón, veo el mundo más colorido. Me divierto y me gozo los momentos. Y al final, sé que el mundo es redondo, y por más contrarias que anden las directrices de nuestro destino, en alguno punto nos tendremos que volver a encontrar. Para mí eso es razón suficiente para quererte cada día más, y entregarte mis mejores acciones e intenciones hasta que nuestros pies dejen de caminar. 

No comments:

Post a Comment