Saturday, August 25, 2012

Escucha Jack Peñate (y The Big Pink, también)

Este vídeo musical, filmado utilizando una cámara Super 8 (y no, no hablo de la película de J.J. Abrams), captó mi atención hace varios meses atrás (quizás hace hasta como un año). La canción es algo así como un pop medio de "boy-band', pero debo admitir que está bien nítida. Me gusta porque es de esas canciones que te dicen: "Anda, vete ya. No la cagues y quédate con lo lindo". Relevante para mi, la comparto porque quizá hoy es relevante para alguno de ustedes. Lleva por título "Pull My Heart Away".


 "Stay Gold", por The Big Pink, es otra de esas canciones que también ha encontrado permanencia en mi cabeza: "forgive your lovers, but don't forget their names and let their spirit remain". Algo así como una canción para alegrarse y saber que todo va (o estará) bien. Carga un estilo similar al que predominó en el álbum de MGMT, "Time to Pretend".  

Saturday, August 18, 2012

Nueva York: 5RW

Se me acabó el DonQ, o sea, el único ron que mi cuerpo sabe asimilar de manera satisfactoria. Escucho a Drexler cantar: "dame calma, dame vértigo, ven a llenar mis pocas horas lúcidas" y se me apaga el cigarro. Me regreso al ordenador y escribo. Estoy en el 5RW, mi nuevo hogar (por el momento). Me encierro en 3 paredes de cartón, una de ladrillo (cabe destacar que es mi parte favorita de este lugar). Aún no sé utilizar el sistema de lavados automáticos de la ciudad, por tal razón he acabado toda mi ropa interior.

Merodeando los espacios cibernéticos, me reencontré con Benedetti. No suelo apropiarme de versos ajenos, pero éste lo hice mío. Lo comparto.

"Tengo miedo de verte 
necesidad de verte 
esperanza de verte 
desazones de verte

tengo ganas de hallarte 
preocupación de hallarte 
certidumbre de hallarte 
pobres dudas de hallarte

tengo urgencia de oírte
alegría de oírte
buena suerte de oírte
y temores de oírte

o sea
resumiendo
estoy jodido
y radiante
quizá más lo primero
que lo segundo
y también
viceversa".

También hago míos los estribillos de Drexler, mi último vaso de ron y mis decisiones. Es sábado, ya son veintitrés vueltas al mundo y el clima me aterra, pues es agosto y ya está frío. Una cama solitaria, un par de sillas vacías y una cocina sucia. Es todo esto lo que dejo hoy, pues ya mañana quizá todo sea igual o sea todo diferente. Aún no sé, aún no quisiera saber. 

Monday, August 13, 2012

Medianeras (2011)

Hoy escogí ver un filme. Por cuestiones así de la vida, pues entré a Netflix y apareció Medianeras, un filme argentino que trata sobre dos personajes y sus respectivos regueros amorosos. De más está decir que me encantó, pues es un filme que trata completamente de desarrollar al personaje, demostrarlo como otro ser humano más en vez de un héroe. Mariana y Martín puede ser cualquier de nosotros.

Además, comparto una parte del monólogo de Mariana que me pareció fantástico. Nosotros como medianeras, tratando de esconder las grietas que poco a poco nos consumen. 


“La medianera: superficies enormes que nos dividen y nos recuerdan el paso del tiempo, el smog y la mugre de la ciudad. Las medianeras nos muestran nuestro costado más miserable, reflejan la inconstancia, las grietas, las soluciones provisorias. Es la basura que escondemos debajo de la alfombra. Sólo nos acordamos de ellas excepcionalmente, cuando vulneradas por las inclemencias del tiempo dejan filtrar sus reclamos”.


He aquí el piloto de la película (sugiero brinquen a los 20 segundos).

Friday, August 10, 2012

Nueva York: Silencio

Por curiosidad, releí tu carta. Recuerdo que la primera vez que la leí, no entendí muchas palabras (sea por ilegibilidad o porque simplemente no quería hacer el esfuerzo de perderme en ellas). Cuando la tomé en mis manos esta vez, no tuve duda alguna de sus letras y lo que, en su momento, significaban. Un tinto fue compañía, claro, pues cuando te pienso me brindas la misma alegría que una copa del mejor vino de España, Argentina, Portugal, Chile, etc.

Quizás es que alrededor mío todo es tan nuevo, pero tus letras me son tan familiares como la ciudad en donde nací. Es muy probable que en ellas encontré alguna sonrisa, como también alguna lágrima. Me reservaré tales acontecimientos, pues la soledad me otorgó la dicha de mi propio silencio. Y dentro de esta soledad, me privaré de hablar de más, de decir cada detalle que he acostumbrado a revelar en mi pasado. La tranquilidad de la madera que roza mis pies; el silencio de los recovecos en donde me refugio dentro de este espacio limitado; el agua que cae sobre mi rostro.

Las horas han añejado mis emociones, las han hecho más débiles y sensitivas a los minutos. Frágil, como la copa que cargo en mi mano.

Y es que así funciona el desprendimiento de ti. Es un proceso de hacerse más viejo, de olvidar tus ojos, tu rostro, tu voz, tu sonrisa. El problema estriba en que no quiero olvidar quién eres, no quiero hacerme más viejo. Quiero rejuvenecer, pero, quiero rejuvenecer contigo a mi lado. Morir, pero volver a nacer. Nacer, y volver a envejecer. Pero envejecer y jamás olvidar, jamás olvidarme de que tu mano agarrará la mía incluso cuando mi mano no tenga fuerzas para sostenerte tan cerca como quisiera. Es ese mi único deseo, es ese mi único destino. 

Nueva York: Cocina, Vino y Soledad

Tenía en mente adquirir un vino de Argentina, incluso eso fue lo que ordené al entrar por la puerta. Merodeé un rato entre los vinos de América Latina, pero justo al lado me topé con Lisboa. Sin pensarlo mucho, ese adquirí. “Reserva dos amigos”, que hasta el nombre jugó con el momento. ¿Estará el amor en reserva, como el vino? ¿Se conservará por años y al ser añejo, mejor? No sé decir, pero sí puedo decir que mientras más camino recorren mis pies, más sabio soy con materias del corazón. O quizás eso quisiera creer.

Recuerdo ser simple. Recuerdo querer caminar por la costa de mi isla sin pedir mucho más. Solía creer que una mano que quiere, sostiene. Era de esos que creía en toda cursilería, que solía creer más en palabra que acción. Las palabras me defraudaron en el camino, como también yo a ellas. Y en algún momento, dejé de creer. Dejé de pensar que existen sentimientos perfectos, que existen circunstancias idóneas donde nacen emociones que hacen explotar nuestro interior como si estuviéramos compuestos de nitroglicerina.  Dejé de creer en eso del amor, o quizás simplemente lo dejé de sentir.

A diferencia de cuando solía ser más creyente en todas estas cuestiones, ahora al menos sé de qué tengo que huir. La inestabilidad, la incertidumbre: siempre he sido víctima de ambas (quizás con alguna que otra excepción). Más ahora, cuando el futuro es más que incierto, y el terreno por el cual camino es, prácticamente, “quicksand” (como dirían los estadounidenses). Huí de eso, no por gusto, sino por obligación. No lo necesito y no me hará bien. No me lo ha hecho hasta ahora, no me lo hará luego. Preferí guardarme, protegerme. El amor, quizás, si se pone en reserva va y añeja y será más maduro, tendrá más cuerpo. O quizás quisiera creer eso para encontrar algún confort dentro de esta copa que ahoga mi lucidez.

Todavía no controlo las proporciones de lo que cocino. Aún no sé cuánto vino cabrá en mi copa. Aún no sé si estoy solo. Pues aún pienso en dos, y no en uno. Quizás, pues, esta ciudad me enseñe a disfrutar de la soledad.

Soledad, aquí están mis credenciales”. – Jorge Drexler  
"Soledad", por Jorge Drexler y María Rita