Verte y no tocarte. Oírte y no sentir tu respiración.
Suspirarte y saber que tu piel no siente mi tacto. Los sacrificios que vivimos
a diario, los sueños que tejemos con la creencia que todo será cuestión de
tiempo. ¡Cuánto daría por tenerte a mi lado en el presente! Tu melena
ondulada acariciando mi rostro, tus labios de carmín recorriendo mi pecho, tus
ojos caramelo fijados en mi mano mientras éstas exploran cada rincón que jamás
ha sido conquistado.
Las memorias que llevo conmigo son el color de mis
días. Reproduzco tu voz a cada segundo, cada minuto, cada hora y cada día que
sé que no lograré fijar mi vista en ti. Tan sólo cargo una fotografía que me
obsequiaste, y el saber que amarte es razón suficiente para continuar nuestro
camino.
Y así continuaré, incluso cuando las fichas de este
juego no están a nuestro favor y suframos de una que otra noche fría. En ese
momento, cuando sienta que el agua entra a mi nariz y mi cuerpo, intranquilo,
se haga más y más frío, recordaré que no hay calor más hermoso que el que
transfieres cuando somos uno; no hay melodía más hermosa que aquella de tu
suspiro.
No comments:
Post a Comment