Te propondría mañana, y aunque podría en este preciso instante abundar sobre las mil y una razones por la cual te propondría mañana, no lo haré. Me reservaré tales expresiones para los votos matrimoniales.
Debo aclarar que el mañana no es un día preciso, sino más bien una noticia que ya no es secreto. Podrás leer estas breves palabras a diario hasta que mañana sea hoy. Y cuando hoy llegue, te propondré en el Parque Central, justo en el río, donde aquel día te prometí amarte por siempre.
Por ahora, tranquila. Mañana no es hoy, hasta que hoy sea mañana.
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