Wednesday, January 4, 2012

Nunca fui a Italia, pero disfruté su hermosura.

Lo más lejos que he viajado ha sido, quizás, México. El viaje que más me he disfrutado, con dudable certeza, creo que fue Boston. Fue un viaje algo espontáneo, y en muchas ocasiones parecía una película cómica de esas que Hollywood ya no sabe hacer.

Nunca he ido a Italia, pero mi cocina favorita proviene de allá. Inventé un día una pizza, quedó riquísima (o eso quisiera creer). Mientras vivía en Nueva York, me creía cocinero. Más aún porque cocinaba con una pasión desenfrenada y amaba ese espacio, aunque odiaba limpiar los trastes. Cocinaba algún tipo de pasta semanalmente, era sumamente fácil. Además de fácil, era rápido. Los días que llegaba de trabajar y no quería pasar más de media hora en la cocina, cocinaba pasta y quizás algún tipo de carne que la acompañara. ¿Un hombre que cocine? Sí, existen. Y cuando cocinamos, cocinamos para sorprenderles de que, además de amantes, nos preocupa su alimentación. A través de la cocina se encuentra la felicidad, eso debo confesarles.

Pero siempre recuerdo esa pizza. La inmortalicé en una polaroid que no sé dónde he guardado. Era mi Italia. Fue mi graduación de escuela de cocina. Fue mi noche apasionada junto a un sartén y un horno. Comí y compartí. Reí.

Algún día, espero redescubrir Italia. Y cuando lo haga, compartiré aún más de lo que compartí aquella vez en aquel lugar. 

No comments:

Post a Comment