Nunca he ido a Italia, pero mi
cocina favorita proviene de allá. Inventé un día una pizza, quedó riquísima (o
eso quisiera creer). Mientras vivía en Nueva York, me creía cocinero. Más aún
porque cocinaba con una pasión desenfrenada y amaba ese espacio, aunque odiaba
limpiar los trastes. Cocinaba algún tipo de pasta semanalmente, era sumamente
fácil. Además de fácil, era rápido. Los días que llegaba de trabajar y no
quería pasar más de media hora en la cocina, cocinaba pasta y quizás algún tipo
de carne que la acompañara. ¿Un hombre que cocine? Sí, existen. Y cuando
cocinamos, cocinamos para sorprenderles de que, además de amantes, nos preocupa
su alimentación. A través de la cocina se encuentra la felicidad, eso debo
confesarles.
Pero siempre recuerdo esa pizza.
La inmortalicé en una polaroid que no sé dónde he guardado. Era mi Italia. Fue
mi graduación de escuela de cocina. Fue mi noche apasionada junto a un sartén y
un horno. Comí y compartí. Reí.
Algún día, espero redescubrir
Italia. Y cuando lo haga, compartiré aún más de lo que compartí aquella vez en aquel
lugar.
No comments:
Post a Comment