Thursday, January 12, 2012

Para quien se fue. Para quien volvió.


A ti, que me enseñaste que los sentimientos no se compran ni se venden en cualquier colmado. La felicidad está a la vuelta de la esquina, donde menos la buscas. Aprendí, de ti, que las ambiciones no son dañinas si, mientras las persigues, no te olvidas de quién está a tu lado. A ti, que recibías la luz del alba con las esperanzas de un nuevo comienzo. Que las historietas de amor no siempre eran reales, pero creías en que algún día encontrarías lo que en sueños añorabas.

A ti,  que me enseñaste a reír incluso en los peores momentos. Encontrar mi propósito fue tan simple como encontrar tus ojos en aquel bar, en aquella biblioteca, en aquella plaza, en cualquier ciudad, en cualquier momento. Descubrí en mi, gracias a ti, el valor y la vehemencia de querer arriesgarlo todo por aquello en lo que creo. A ti, que en tiempos de lobreguez sabías tu camino, de manera consciente o inconsciente. Los caminos no siempre están alumbrados, pero las estrellas siempre brillarán y, hasta hoy, han guiado mi camino.

A ti, que me enseñaste la importancia del entorno al cual me aferro. La sombra de quiénes sigo y me persiguen llenan de satisfacción quién soy, quien seré y quién quiero ser. Sembré a mi alrededor, gracias a ti, mis mejores intenciones, las cuales hoy rinden el fruto de amistades eternas y amor incondicional. A ti, que me dedicaste tus segundos de atención más sincera. Encontré que lo importante no es desvivirme por el sentimiento, sino más bien entender los sentimientos de los demás.

A ti, que te fuiste y algún día volverás. Fuiste doncella, amante, amiga, y fuente de inspiración. El vino que me acompaña trae consigo los recuerdos de sentimientos y emociones que me han hecho el hombre que hoy soy. A ti, que te fallé más de una vez. A ti, que incluso cuando encontrabas un desliz, no sabía dejarte ir. A ti, que hoy me faltas, pero que pronto regresarás.

 A ti, amor, que eres un sentimiento tan puro, pero tan amargo cuando te vas. Te espero, y sé que, cuando sea oportuno, regresarás. Y si inoportuno es el momento en que regreses, sé que en otro momento te volverás a clavar en mi alma. Eres musa de toda canción, todo guión, toda historia en todo bar que tiendo a frecuentar. Y siendo esa musa, hoy te escribo. Mientras te escribo, te pienso y te añoro. Y será la tristeza compañía, no por haberte tenido y perdido, sino más bien por haberte encontrado en aquel bar, en aquella biblioteca, en aquella plaza, en cualquier ciudad, en cualquier momento.

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