A ti, que me enseñaste que los
sentimientos no se compran ni se venden en cualquier colmado. La felicidad está
a la vuelta de la esquina, donde menos la buscas. Aprendí, de ti, que las
ambiciones no son dañinas si, mientras las persigues, no te olvidas de quién
está a tu lado. A ti, que recibías la luz del alba con las esperanzas de un
nuevo comienzo. Que las historietas de amor no siempre eran reales, pero creías
en que algún día encontrarías lo que en sueños añorabas.
A ti, que me enseñaste a reír incluso en los peores
momentos. Encontrar mi propósito fue tan simple como encontrar tus ojos en
aquel bar, en aquella biblioteca, en aquella plaza, en cualquier ciudad, en
cualquier momento. Descubrí en mi, gracias a ti, el valor y la vehemencia de
querer arriesgarlo todo por aquello en lo que creo. A ti, que en tiempos de
lobreguez sabías tu camino, de manera consciente o inconsciente. Los caminos no
siempre están alumbrados, pero las estrellas siempre brillarán y, hasta hoy,
han guiado mi camino.
A ti, que me enseñaste la
importancia del entorno al cual me aferro. La sombra de quiénes sigo y me
persiguen llenan de satisfacción quién soy, quien seré y quién quiero ser. Sembré
a mi alrededor, gracias a ti, mis mejores intenciones, las cuales hoy rinden el
fruto de amistades eternas y amor incondicional. A ti, que me dedicaste tus
segundos de atención más sincera. Encontré que lo importante no es desvivirme
por el sentimiento, sino más bien entender los sentimientos de los demás.
A ti, que te fuiste y algún día
volverás. Fuiste doncella, amante, amiga, y fuente de inspiración. El vino que
me acompaña trae consigo los recuerdos de sentimientos y emociones que me han
hecho el hombre que hoy soy. A ti, que te fallé más de una vez. A ti, que incluso
cuando encontrabas un desliz, no sabía dejarte ir. A ti, que hoy me faltas,
pero que pronto regresarás.
A ti, amor, que eres un sentimiento tan puro,
pero tan amargo cuando te vas. Te espero, y sé que, cuando sea oportuno,
regresarás. Y si inoportuno es el momento en que regreses, sé que en otro
momento te volverás a clavar en mi alma. Eres musa de toda canción, todo guión,
toda historia en todo bar que tiendo a frecuentar. Y siendo esa musa, hoy te escribo.
Mientras te escribo, te pienso y te añoro. Y será la tristeza compañía, no por
haberte tenido y perdido, sino más bien por haberte encontrado en aquel bar, en
aquella biblioteca, en aquella plaza, en cualquier ciudad, en cualquier
momento.
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